viernes, 12 de octubre de 2007

Capítulo XVI. SIN DESTINO




La velocidad del viento,

la intensidad de las olas

que arrastran mis sueños.

Qué sueños? ya no sueño....

prados verdes, mar espumoso

a vista de pájaro.

Me alejo... me acerco...

me vuelvo a ir viajes

a ninguna parte

tierra mojada, hojas en el suelo, cielo gris

día sin prisas silencio....

algún pájaro canta

mañana, pasado y el otro...

uno más entre tantos

huecos, recovecos sin llenar

sin destino no se que encontrar

Aparece y desaparece el espejismo

un día más, un día menos, sin camino

sin destino.



Amaramares
12/10/2007

domingo, 30 de septiembre de 2007

Capítulo XV. Añoranza sin esperanza




Perdida en mi silencio
entre risas buscando
en el agua turbia y las piedras
limpiar el barro de mis pies
mi piel quemada por el sol
mirando el cielo limpio de nubes
alma fría, manos tibias
buscando un nuevo calor
miradas desconcertadas
echando a suertes su destino
respuestas indefinidas entre risas,
huecas palabras, el vacío
rumores ilusionados y expectantes
ambiente festivo
sin aureola entre risas,
en silencio, perdida
un abrazo, un beso
sin palabras mirada ida,
en la huida gotas
que resbalan por mi garganta l
a única caricia en mi piel
añoranza sin esperanza alma fría,
entre risas perdida

Amaramares
30/09/2007

lunes, 23 de julio de 2007

Capítulo XIV. Mariposa en la llama




No quería ser otra vez mariposa en la llama pero no podía resistirme, acudí a ella. Llegó deprisa y pude ver de nuevo aquellos ojos extraños, claros pero con mirada oculta.

Quise soñar por una noche y volé una vez más.
Quise creer que era cierto que podía volver a subir muy alto, llego a mí como marea, dulce y tierna.
Me llevó a las estrellas, aquellas ya olvidadas.
Quise creer en ella, ¿Cómo olvidar aquella noche...?
Otra vez una canción en portugués, otra vez unos ojos brillantes con mirada triste,
otra vez quería creer que mi corazón dolido podría revivir.

Riesgos y esperanzas sin confirmar.....
Ella no cree en mi ni yo en ella,
¿Cómo afianzar esa expectativa de llegar al horizonte de ese mar amado por las dos?
¿Cómo volver a soñar? Ella sigue mirando ese cielo estrellado sin saber donde elegir.
Como estrella fugaz deja su estela que yo recojo mientras pasa el tiempo....



Amaramares
23/07/2007

sábado, 5 de julio de 2003

Capítulo XIII. Prudencia e impulsos




La prudencia y los impulsos, una mezcla extraña para dos mujeres dolidas por la incomprensión. Una oportunidad de aprovechar aun a riesgo de que vuelva a doler... ha pasado mucho tiempo... que extraño volver a sentir el volcán de sensaciones. Me estaré engañando? No, no creo. Quiero verla , reflejarme en sus ojos, descubrir de nuevo si puedo escalar hasta el cielo.



Convertir la tormenta en cielo en calma, reencontrar la paz y el equilibrio.
Me ayudara a encontrarlo? Presiento que si. Mi corazón se resiste y al mismo tiempo se acelera. Sentimientos contradictorios? No, no... y me sorprende. Por qué lo tengo tan claro? Por qué siento que estas tan cerca de mi, aun en la distancia?
Porque te comprendo y me comprendes.


Somos iguales, y tan distintas... me sorprendo al ver como sentimos, pensamos, deseamos de la misma manera. Dónde estuviste? En mi corazón quizás....



Amaramares
05/07/2003

lunes, 30 de junio de 2003

Capítulo XII. El reflejo del silencio




Volví al silencio de mi soledad, abrí el ordenador. Era tarde, pero no tenia sueño. La insatisfacción de una noche más malgastada y el peso de los recuerdos. La impotencia de no poder regresar a otros momentos en los que fui feliz.
Se abrió una ventana más. Alguien quiso compartir conmigo mi soledad y mi silencio. Quien era aquella persona que tenia mi mismo tono, mi misma tristeza... acaso aquella ventana era mi espejo? No, seguro que era un espejismo más.
Con escepticismo continué aquella conversación: agradable, dulce como una cortina ocultaba nuestra desesperación por reencontrar la ilusión y los sueños.

Amaramares
30/06/2003

jueves, 11 de enero de 2001

Capítulo X. Soñar con airearse.


Agotada tras un día duro de trabajo caminando sin prisa, ella no iba a estar. En la oscuridad de la noche un coche azul cielo bien aparcado. Mi corazón arranca con la agitación de una carrera mientras subo las escaleras a gran velocidad, llamándola.



Había llegado antes, esperaba recostada en nuestra cama a que yo llegara. Una mirada triste frena en seco mi velocidad. Ya no hacían falta palabras, había tomado una decisión: abandonar el sabor dulce de un pastel de chocolate y los nervios provocados por una taza de café.

Partió decidida a respirar de nuevo, a airearse, a envolverse con otras caras. Decidida a volver a soñar que puede encontrar unas nuevas alas que la llevaran a su nube.


Amaramares
11/01/2001

martes, 15 de agosto de 2000

Capítulo IX. La fila del autobús




La vi salir por la puerta, avanzando con la mirada triste sin lágrimas, mientras arrastraba su maleta bajo un sol abrasador. Decidida a seguir su destino.



Desorientada en una casa vacía y silenciosa, estuve escribiendo, intentando encontrar en las palabras una explicación. Pronto sonó una llamada dándome la respuesta, una voz entrecortada entre sollozos... algo paso en la fila del autobús que la llevó de nuevo a su destino a mi lado. Y otro viaje empezó, un viaje al país de las maravillas, caminos y caminos... entre llanuras y montañas. Los girasoles nos miraban extrañados de que volviera a brillar el sol, admirando nuestro vuelo, esta vez más cerca de la tierra.
Tierras amarillas y luego rojas, para volver a encontrar aquellos prados verdes donde, unos años atrás, empezamos.


Amaramares
15/08/2000

martes, 8 de agosto de 2000

Capítulo VIII. Un acantilado sin nubes




Al sol y sobre la arena pensé en ella. Una vez más el verano nos separaba, una distancia mantenida con el anhelo de que en pocos días volveríamos a aquellos acantilados que fueron testigo de nuestro amor unos años atrás. Pero no, una vez más la sombra de las dudas mezcladas con sabor a libertad se interpusieron entre nosotras. Ante mi se abrió el abismo del vacío y la impotencia des controlada por la pérdida de otra oportunidad de caldear de nuevo nuestro fuego.

Giré lentamente sobre mí perdiendo la vista en el horizonte, una inmensa playa plana sin acantilados y sin nubes donde posarse. Pájaros, estrellas y el amanecer... quise que un saco de dormir fuera mi cómplice, mezclando el calor de nuestra piel... el calor que ella tanto echaba de menos.


Amaramares
08/082000

miércoles, 14 de abril de 1999

Capítulo VII. Un hogar para tres




Llevaba unos peluches en su mochila, estaban heridos y él quería curarlos. Corría, saltaba en el jardín y sonreía con sorpresa, ¿por qué al fin a su mamá le brillaban los ojos?


Una chica vestida de verde le ayudó a vendar a sus animalitos. ¿Acaso aquella mujer podía curarle? Se acercó a ella y la abrazó, su madre se acercó y él con ojos de felicidad se agarró a las dos. Las lágrimas de aquellas dos mujeres empaparon sus mejillas rojas, y un lazo de amor los unió a los tres.
Domingo por la mañana, unos rayos de sol entran por la ventana. Dos cuerpos desnudos comparten su calor después de una noche relajada. En la puerta de la habitación asoman unos ojos redondos, miran pidiendo permiso para acercarse. Se sube a la cama y se acurruca entre las sabanas. Huele a amor de medianoche endulzado con aroma de bebe. Se ríen compartiendo complicidad.
Café recién hecho y tostadas de azúcar y canela. Sentados en el sofá, él las abraza preguntándose si ha encontrado a su familia.


Amaramares
15/04/1999

martes, 15 de septiembre de 1998

Capítulo VI. Sus ojos esmeralda nos alumbraron




Sonaba una canción en portugués, la había oído antes, un mantel azul y unas flores violeta. Unas manos sobre la mesa con el impulso de rozarse, unos ojos tristes esmeralda. Yo la miraba intentando llenar aquel vacío que nos unía y separaba a la vez.


Caminábamos por la acera de una calle estrecha, al final una gran avenida que nos dividiría. Miré de nuevo aquellos ojos verdes buscando una luz. Esa luz alumbró la larga avenida y al final de ella, encontramos un lecho de amor... en nuestro nido...


Amaramares
15/09/1998

sábado, 15 de agosto de 1998

Capítulo V. Las olas me arrastraron hasta ella




Hacia un calor agobiante, un montón de sombras bailaba a mi alrededor, un cuerpo delgado se movía a mi lado buscando compartir mi soledad y mi tristeza. Una necesidad... salir corriendo de allí, salimos juntas, otras nos siguieron arrastradas por nuestro ímpetu. Queríamos cambiar el humo por el aire limpio, la música ruidosa por el ritmo plácido de las olas, y aquel calor húmedo por la frescura del mar.


Sentadas en corro en la arena, medio desnudas y empapadas, nos reíamos como si hubiéramos hecho una travesura, satisfechas de haber roto el circulo vicioso.

Entonces fue cuando me acordé de ella, a ella le hubiera gustado estar allí y a mí compartir aquellos momentos. Era muy tarde, se acercaba el amanecer y no podía resistir el impulso de correr hasta encontrarla y llevarle un trozo de aquel momento.

No tenia pérdida, sabía que la encontraría entre los animales y acudí llevando conmigo agua marina y arena.

Estaba amaneciendo, un sol redondo y grande me indicó tan claramente el camino que supe que estaba haciendo bien, que debía compartir todo aquello con ella.

Llegué como animal desvalido a acurrucarme en sus brazos, esperando que me acogiera.


Amaramares
15/08/1998

sábado, 8 de agosto de 1998

Capítulo IV. Un lazo envuelto de esperanza


Subí las escaleras sigilosamente, buscando un rincón donde dejar escapar las palabras para llegar a mi amor esperanzado del otro lado del mar. Acurrucada entre un montón de macetas, y cubierta con un manto de oscuridad, escuché su voz. Miraba el cielo, aquel cielo que cubrió tantas noches de mi juventud sin apreciarlo. ¿Aquellas estrellas siempre habían estado allí? si estuvieron no brillaban...

Las palabras llegaron como un lazo. La sombra de la duda había cubierto de nuevo aquel amor esperanzado. Una vez mas la impotencia de la distancia aplastaba mis ansias de volar, enmudecidas por su decisión.

Me preguntaba, ¿Se puede tomar una decisión cuando se tienen dudas?.... por eso atravesé aquel mar que nos separaba y seguí trepando para volver a tocar la nube con la esperanza de llevarla de nuevo conmigo.



Amaramares
08/08/1998

lunes, 22 de junio de 1998

Capítulo III. Sus sombras se besaron



El ensordecedor estruendo de las olas al golpear las rocas despertó sus pasiones.


Paseaban plácidamente a la luz de la luna como unos enamorados cualesquiera, buscando la complicidad entre las rocas. Recorriendo ante la muralla que separaba la bravura del mar del susurro de un amor incomprendido.
Sus cuerpos se reflejaron en la roca, y la sombra de sus labios se unieron con disimulo, brindando a la noche dejar huella en su recuerdo de aquel momento.



Amaramares
22/08/1998

domingo, 7 de junio de 1998

Capítulo II. Un espejo rompió el hechizo


La noche fluía con rapidez, hasta que de pronto... sonaron las campanas de medianoche y ellas dos se encontraron frente a un espejo y el hechizo se desvaneció.


Cayó sobre mí el peso de la dura realidad aprisionándome. No podía respirar, mientras el aire entraba por la ventanilla apagando el calor de la noche, y mi cabeza intentaba encontrar argumentos para retenerla. Mi cenicienta quería volar, salió llorando pero sin evitar desplegar las alas... y dejarme a mí atrás en mi soledad. Yo me quedé pegada a la tierra, por mucho que quisiera seguir volado el gran peso de mi cuerpo y de mis años me lo impedían.

La fuerza de la esperanza y mi resistencia a resignarme me permitieron volar más tarde hasta ella. La encontré en una nube que acunó de nuevo nuestro calor.

En alfombra mágica nos deslizamos entre las nubes sobre el mar, hasta posarnos en los acantilados. El horizonte fue testigo de la grandeza de la ternura y, perdidas en la inmensidad de los mares, nuestros corazones se reencontraron.




Amaramares
07/06/1998

sábado, 6 de junio de 1998

Capítulo I. El rompeolas



Era una noche de verano, si no recuerdo mal con luna llena. Una atracción magnética, un nudo en el estomago, una sonrisa y el sabor a felicidad.


La incertidumbre y el impulso de llevar a cabo un sueño. La comodidad de estar con alguien, que aunque la conocía hacia menos de una semana, me desbordaba. Me sentía como en una canoa por unos rápidos, y a pesar de la velocidad no sentía vértigo. Flotábamos a la luz de la luna sintiendo una paz interior desconocida... un amor saliendo a borbotones nos unía con desconcierto. ¿Cómo podía estar ocurriendo aquello?.

Al día siguiente desperté radiante, una aureola me envolvía dejando huella por donde pasaba, huellas color púrpura que resplandecían en la noche. Mis amigas me sonreían con complicidad, y se sentían orgullosas de verme tan feliz, como si ellas hubieran contribuido en algo, como si aquello no solo me estuviera ocurriendo a mí.

Volvía a vivir y a sentir...


Amaramares
06/06/98